PADRE/HIJA
Escenario vacío. Una silla.
El escenario y el público están levemente iluminados, de tal forma que no parece haber límites entre ambos espacios. La diferencia de iluminación entre los dos espacios se irá marcando paulatinamente conforme avance la obra, hasta que el público quede a oscuras.
Al fondo, hay una mesa con bocaditos que el público puede irse sirviendo; entre los dulces resalta un mousse de chocolate.
Hija recibe al público, saluda a las personas que conoce, los invita a servirse algún bocadito o dulce. Está vestida de negro.
Luego de un momento, se acerca a la silla y se sienta. Nos mira por unos momentos.
HIJA
Es una silla estilo Luis XIV, con madera pintada de amarillo, terciopelo verde en el asiento y los brazos. No hay esquinas toscas ni grietas, los contornos son redondos, y hay varios adornos de flores y uvas tallados en la madera. No recuerdo que fuera amarilla. Alguien, supongo que mi tía, la habrá mandado pintar hace algunos años. Hay algunos huequitos en el terciopelo. Polillas.
Tiempo.
La silla era de mi abuela. La usó hasta que murió pocas semanas antes de cumplir noventa y nueve años... En mi familia somos muy longevos, y no nos hubiera sorprendido que llegara a los cien; es como alcanzar un hito... Me puedo imaginar a generaciones enteras de mi familia envejeciendo sentadas en esa silla...
Tiempo.
¿Por qué estoy hablando de una silla?
Tiempo.
En realidad es un truco, una forma conveniente para relatar algo que lleva una fuerte carga emocional describiendo en detalle algo que no la tiene. De preferencia un objeto o un animal... Como dramaturga lo hago todo el tiempo. Se supone que es poético y evocativo a la vez, pero de cierta forma distante. Y funciona.
Tiempo.
También ayuda a hacer a un lado los sentimientos. Como un mecanismo de auto defensa... Me ayuda a lidiar con la verdad convirtiéndola en un simple juego de palabras. De imágenes. Un monólogo. ¿Otro truco? Cambiar el género del protagonista. Eso añade otro nivel de distanciamiento... Pero en el fondo siempre está la verdad, no importa cuánto la escondas.
Tiempo.
Tampoco es tan necesario que deje a un lado mis sentimientos... La historia que tengo que contar, es— No necesito protegerme. Ya no.
Tiempo.
Olvídense de la silla...
Suspira.
Mi padre empezó a morir dos días antes de la Navidad. Y finalmente ocurrió ocho días antes de mi cumpleaños, en enero. Le tomó casi un mes— A él no. A la muerte. A la muerte le tomó casi un mes... Eso fue hace poco más de un año.
Tiempo.
Las cosas no empezaron ahí... Fue diez años antes, cuando tuvo su primer derrame cerebral, y de pronto, sin ningún aviso, se convirtió en mi hijo. No encuentro otra forma de explicarlo... Cualquiera que haya cuidado de una víctima de infarto cerebral lo entendería. Se convirtió en mi hijo... Como un niño... Créanme, nadie quiere esa responsabilidad cuando tiene veinticinco años y aún está decidiendo qué diablos hacer con su propia vida. Cambiar de roles con tu padre no es parte del plan. Pero pasó.
Tiempo.
Eso me molestó por un tiempo. No me parecía justo. Pero luego me acostumbré. Es como sufrir de una enfermedad crónica... Eso también es algo que todos mis hermanos y yo heredamos de nuestro papá: piedras al riñón.
Tiempo.
El último año... Había mejorado mucho desde el primer derrame: podía caminar, conversar, leer libros que no fueran muy complicados, incluso dar algunos consejos, a veces muy buenos consejos... Claro, habían temas que yo no podía compartir con él... Mi vida... Otras cosas... Incluso antes del derrame. No éramos muy unidos. Casi nunca hablábamos.
Tiempo.
Creo que yo lo decepcionaba... Antes del infarto... De vez en cuando me miraba como diciendo: ¿Por qué diablos haces teatro? Nosotros somos ingenieros, gente de negocios. Hacemos cosas importantes... Después del primer derrame, cuando todo cambió, no volvió a perderse ninguna de mis obras de teatro... Aunque no estoy segura de que las entendiera.
Tiempo.
Retoma el hilo.
Bueno, en todo caso, estaba mejor... Casi viviendo un vida normal... Hasta que se quemó tomando una ducha. De pronto no supo cómo apagar el agua caliente. No se movía. Simplemente gritaba pidiendo ayuda mientras su piel se ponía roja y empezaba a pelarse, a llenarse de ampollas... Tuvo que pasar un mes en la clínica, así que yo tuve que pasar un mes en la clínica... Decidimos contratar a una enfermera de tiempo completo, y nunca más estuvo solo. Ese fue el segundo derrame.
Tiempo.
Rápidamente empezó a perder todas sus facultades, cosas como levantarse solo, caminar, usar el baño, comprender un libro, una conversación... Las cosas más simples se convirtieron en tareas que requerían de concentración especial, de enfoque— El primer pañal que cambié fue el de mi papá—
Tiempo.
No quiso decir eso. Yo lo quería mucho. Nunca dejé de quererlo... No me importaba.
Pausa.
Mi “cerebro de escritora” sugiere que vuelva a hablar de la silla... Que cambie el enfoque para hacer las cosas más intrigantes y dejar que el relato respire... Otro de esos truquitos del teatro. Pero no lo voy a hacer. Por ahora no...
Tiempo.
¿No quieren servirse algo de comer? Para los que no la han visto, al fondo hay una mesa con algunos bocaditos y dulces... ¿Qué tal si hablamos de comida por un momento? Les juro que no es un truco para distraer... Me encanta la comida. A mi papá nunca le llamó la atención, creo que para él comer era algo que hacías cuando no estabas trabajando... Eso cambió completamente el último año. De pronto la comida lo era TODO. Desayuno, almuerzo, cena, alfajores a media tarde... Recuerdo que probaba el mousse de chocolate y cerraba los ojos, como queriendo evitar que algo más lo distraiga... Le dejábamos comer lo que quisiera por órdenes del doctor... El azúcar y la grasa no lo iban a matar, ya no quedaba suficiente tiempo para que eso ocurriera... ¿Me pasan un dulce?
Alguien le trae algo y lo saborea. Invita a los demás a probar.
El día que dejó de comer...
Tiempo.
Entonces, dos días antes de la Navidad: El teléfono sonó a las tres o cuatro de la mañana. Era la enfermera diciendo, entre llantos, que mi papá estaba paralizado. En menos de un segundo me levanté de la cama y empecé a alistarme para lo que en mi familia llamamos “Respuesta Automática de Emergencia”: Conseguí una ambulancia, manejé hasta su casa, hablé con mi hermana y hermanos. Fui a la clínica. Sala de Emergencias. Cuidados Intensivos. Formularios. Seguro. Papeleo. Firmas... Y luego, la sala de espera... Cuando uno hace esto por más de diez años ya no significa nada. Se vuelve un acto mecánico.
Tiempo.
No reaccionaba. Como si estuviera durmiendo con los ojos abiertos. Nunca más volvió a reaccionar. Pasó la Navidad, el Año Nuevo. Y luego algo cambió: El doctor nos dijo que su nivel de glóbulos rojos había empezado a disminuir rápidamente, y que podría sufrir un ataque cardiaco en cualquier momento... Lo extraño era que esto no tenía nada que ver con el derrame cerebral, simplemente era... ¿Una coincidencia?
Tiempo.
Me sentí aliviada. Mi padre iba a a morir en menos tiempo gracias a— Sí. Gracias a una Leucemia inesperada. Y no había nada que pudiéramos hacer— No. Estoy mintiendo. Hoy me he prometido no mentir. Sí había una opción: el doctor dijo que si le donábamos sangre viviría por más tiempo. No le donamos sangre. Me alegra que— No. No me alegra.
Tiempo.
¿Es muy cruel? ¿Soy la peor hija del mundo?
Tiempo.
Sí. Me alegra haber tomado esa decisión. Esa es la verdad.
Tiempo.
No estoy aquí para explicar lo que hice, ni para cuestionar mis decisiones... Hicimos lo mejor posible en ese momento... Siempre hay otra opción.
Pausa. Respira. Retoma el control.
El último mes. Los últimos días. La clínica. Todo aparece junto. Mezclado. Como un recuerdo borroso.
Tiempo.
Pequeños guantes médicos de látex han sido llenados con agua. Son globos de agua con cinco dedos. Hay cerca de veinte. Empujo su cuerpo para un lado y lo mantengo ahí, mientras la enfermera saca los globos tibios y coloca otros más fríos en su lugar. La piel parece tan frágil. Piel antigua. Casi despegada del cuerpo. Arrugas líquidas.
Tiempo.
Esta persona que estoy moviendo como si fuera un mueble, este ser extraño, es mi padre. Mi papá.
Tiempo.
A veces, durante ese mes, me encierro en el baño y lloro. No me encierro para que los demás no me vean, ¿Qué diablos me importa si me ven llorar? Mi padre está muriendo. Lo que no quiero es que él me vea. Y eso es ridículo porque él ya no responde a nada... Pero aún así, a mi sólo me ve sonreír. He perfeccionado la sonrisa falsa.
Tiempo.
Sonríe.
Necesito hablar de la silla... Disculpen... No es muy alta, pero la madera es fuerte, maciza. Te puedes apoyar en los brazos para levantarte con toda confianza, y eso la hace muy popular entre los viejitos de mi familia. Una tarde mi tía apareció con la silla, mucho antes del último derrame. Mi abuela había fallecido hacía algunos meses y mi papá entraba y salía de la clínica. Estuvo muy agradecido. El simple acto de pararse y sentarse se había convertido en una actividad muy dolorosa... Esa silla lo ayudaría mucho... Claro, también estaba la enfermera, y por las tardes alguno de nosotros— A veces odiaba a esta persona por hacerme pasar por todo eso... Por obligarme a vivir en un constante estado de emergencia durante más de diez años... El maldito teléfono no podía sonar en la noche porque yo sabía que eso significaba ambulancia, hospital, sala de emergencias, decisiones, cuidados intensivos y firmas y firmas y firmas... Yo sé que no era su culpa, pero tampoco era mía. Yo era su hija, no su... ¿A quien mierda podía culpar? Necesitaba culpar a alguien—
Silencio.
El día en que decidimos que sería mejor que nuestro padre muriera... Yo lo pasé en la clínica... Sabía que mi hermana iba a venir en la tarde, y mis tíos... Tal vez era Año Nuevo, ahora no lo recuerdo... Discutimos un poco. No mucho... Finalmente mi tía accedió. Mi hermana. Mis hermanos... La verdad es que yo quería que muera. Ya había sido suficiente. Para él. Para todos nosotros...
Tiempo.
No he mencionado a mi mamá, y no voy a hacerlo. Ella no es parte de esta historia. Ella tiene la suya...
Tiempo.
Así que ya está decidido: Nada de máquinas. Ningún equipo de emergencia en caso de un ataque cardiaco. Queda en manos de...
Pausa.
Volvemos al cuarto y lo vemos echado en la cama, perdido, mirando el vacío... Se ve tan pequeño... Ya he llorado en la mañana, así que leo el periódico y lleno crucigramas.
Tiempo.
Pudimos llevarlo de vuelta a casa después del Año Nuevo. Eso me dio gusto. Uno debería morir en su propio cuarto, rodeado de fotografías, de familia... Y él lo hizo. Quince días después. Yo no estaba ahí, había salido a tomar un café... Estuve sentada en ese cuarto, sin salir por más de diez días... ¿Por qué no pudo esperarme?
Tiempo.
Mi padre falleció el 20 de Enero del 2006. Ese día es importante para mí, cada 20 celebro un mes más con mi pareja... Mi papá nunca lo supo... Ese 20 cumplimos cinco años y nueve meses... No es un fecha muy importante, pero es una fecha... No la celebramos. Cierro los ojos de mi padre y amarro su barbilla con una tela blanca.
Tiempo.
En esta silla firmo el formulario asumiendo completa responsabilidad por pedirle a los paramédicos que no lo resuciten... Durante diez minutos aún es posible revivirlo. ¿Por qué me dan esa opción? Les digo que no. Firmo el documento. Lloro.
Tiempo.
Antes de que lleguen todos los demás... Lo beso en la frente. Peino sus cejas con mis dedos... Y luego, por una hora, me despido.
Tiempo.
Todo lo demás, el velorio, el funeral, todo esto... Es para los otros. No es para mí.
Tiempo.
Esa hora es para mí.
Las luces bajan lentamente.
PEQUEÑOS ENCUENTROS
Gordo e Hija están sentados en medio del restaurante, cada uno en su mesa. Si viéramos las dos mesas desde el frente, Gordo estaría sentado del lado izquierdo e Hija del lado derecho. Ambos hablan hacia el frente, conversando con su acompañante. Sólo escuchamos la parte de la conversación que corresponde a Gordo e Hija, pero nos debe quedar claro –después de un momento de confusión– que ambos están hablando con alguien que no vemos ni oímos. La acción de cada uno de los actores no es esperar a que el otro termine su parlamento, sino escuchar a su acompañante; por lo tanto, pueden haber momentos en los que el diálogo se intercale. Han pasado dos o tres meses desde las presentaciones de Gordo e Hija. Gordo sigue flaco, pero ya usa ropa que le queda a la medida. Habla con “su flaca”, Laura. Hija ya no viste de negro, habla con su mamá.
GORDO
Me sigues mirando gracioso.
HIJA
Es que no tiene nada que ver contigo...
GORDO
De lado, como diciendo...
(se pone de lado, demuestra)
¿En serio es el gordo?
HIJA
Lo hago por mí... Porque creo que es importante compartir lo que una siente.
GORDO
¿No lo habrán reemplazado con un flaco que se le parece? La versión descafeinada.
HIJA
Bueno, tú tienes tu forma de hacer las cosas y yo tengo la mía... Es lógico, ¿no?
GORDO
Laura... Yo sé que tú me conoces.
HIJA
No decir nada no es enfrentar las cosas, mamá... Es exactamente lo opuesto.
GORDO
¿En serio crees eso? Cuando alguien te dice que nada ha cambiado, que sigue siendo la misma persona... Tal vez es lo que quisiera...
HIJA
Mamá...
GORDO
Pero si cambias algo importante, fundamental, es obvio que eso va a afectar todo lo demás.
HIJA
Mamá...
GORDO
Así que ni siquiera pretendo ser el mismo.
HIJA
Es por eso que te dije que quería hablar contigo.
GORDO
¿Ahora? ¿Quien soy ahora?
HIJA
Yo sé que no estás de acuerdo con mi discurso—
GORDO
(para si mismo)
¿Quién soy?
HIJA
Okey, tienes razón... No es lo que digo, es el hecho de que lo diga.
GORDO
Setenticinco kilos. Tal vez setentiocho.
HIJA
Mamá, no son trapos sucios—
GORDO
O es lo que me gustaría ser.
HIJA
Es que no—
GORDO
¿Ahora? ¿Hoy?
HIJA
¿Puedes dejarme hablar? Es por eso que estamos como estamos...
GORDO
No tengo idea... Boté la balanza de mi casa.
HIJA
¿Te parece que estamos bien? ¿En serio?
GORDO
(mete los dedos en la cintura de su pantalón)
Si entran dos dedos estoy en mi peso. Eso es todo lo que tengo que saber.
HIJA
(cediendo, algo frustrada)
No sé... Tal vez es generacional. En tus tiempos nadie hablaba de nada...
GORDO
¿Cuánto pesas tú?
HIJA
(ríe)
Ay, mamá... No te estoy diciendo vieja... Pero a menos que me hayas parido a los cinco años, eres obviamente mucho mayor que yo.
GORDO
Mentirosa.
HIJA
Ya. Perdón. No quiero pelearme.
GORDO
No, mejor no, porque después te ofendes.
HIJA
Oye...
GORDO
¿En serio quieres que adivine?
HIJA
Mamá... De verdad quisiera que entiendas.
GORDO
¿Cincuenticinco?
HIJA
//
GORDO
¿No?
HIJA
¿Y de qué más voy a escribir si no es de mí misma?
GORDO
¿Cincuentidos? No me digas que depende de lo que hayas comido porque así no funciona... Igual sigues siendo mi...
HIJA
Es obvio que de vez en cuando voy a poner cosas que tienen que ver contigo...
GORDO
Flaca. Sigues siendo flaca.
HIJA
Sí, bueno, pero también están mis amigos, o mis hermanos... No lo hago para hacerles daño.
GORDO
¿Ves? Te dije que te ibas a ofender.
HIJA
Mucho menos a ti.
GORDO
Bueno, ya hablamos del peso... ¿Qué nos queda? ¿La religión y la política? ¿La orientación sexual?
HIJA
En serio, mamá. Te lo juro.
GORDO
(se ríe)
No, eso no ha cambiado.
HIJA
Pero no me puedes pedir que deje de hacerlo.
GORDO
Aunque ahí creo que tenía más jale de gordo.
HIJA
Si no escribo, ¿qué hago?
GORDO
Decían que era un “oso”.
Gordo y Laura se ríen.
HIJA
Ahora no sé que hacer, mamá...
GORDO
(mira a Laura por un momento)
Me da gusto verte.
HIJA
Todo el mundo me dice que el monólogo es sobre ellos, que los dejo mal...
GORDO
¿Puedo preguntarte algo?
HIJA
¿Cómo que yo soy la heroína de la historia?
GORDO
¿Por qué me llamaste?
HIJA
Es exactamente lo opuesto.
GORDO
¿Por qué ahora?
HIJA
Es mi forma de entender lo que pasó.
GORDO
No sé... Me da curiosidad.
HIJA
Para eso escribo.
GORDO
En todo caso... ¿Por qué no me llamaste antes?
HIJA
No es para... Bueno, sí, mamá... También es para vender entradas.
GORDO
(sonríe)
¿Qué respuesta crees que espero?
HIJA
Una no se mete a hacer teatro para ganar plata. Eso todo el mundo lo sabe.
GORDO
Bueno, Laura...
HIJA
Pero sí...
HIJA GORDO
Todo ha cambiado. Todo ha cambiado.
GORDO
No sólo mi cintura. Todo.
HIJA
Sí, mamá... Es exactamente lo que dices. Plata. Más plata.
GORDO
Dejamos de hablar, y...
HIJA
De pronto estoy consiguiendo más trabajo, me llaman para más proyectos...
GORDO
Justamente por eso te lo pregunto.
HIJA
¿Qué?
GORDO
Eso sí, dime la verdad... Yo siempre sé cuando me mientes.
Hija levanta la mano, buscando a un mozo.
HIJA
No, no, tú sabes que yo no comparto postre...
GORDO
Ah, bueno, sí... Tal vez eso también ha cambiado.
HIJA
Mousse de chocolate.
GORDO
Entonces miénteme bonito.
HIJA
No es tétrico, mamá... Es un homenaje.
GORDO
¿Postre? No, ni hablar... Con todo lo que he comido—
Levanta la mano cuando aparece el mozo.
GORDO
(al mozo)
¿Tienes la carta de postres, por favor?
(a Laura)
Eres una cerda—
Se corta. Mira a Laura, preocupado.
GORDO
Perdón.
El mozo deja dos cartas de postres sobre la mesa de Gordo y va donde Hija.
GORDO
//
HIJA
Un mousse de chocolate, por favor...
(a regañadientes)
Y una cuchara extra...
(a su mamá)
¡Qué pesada eres!
El mozo toma nota. Gordo revisa su carta.
HIJA
¿En serio no quieres tu propio postre?
GORDO
¿Qué te provoca?
HIJA
(al mozo)
Uno nomás. Gracias.
El mozo se aleja. Gordo lo detiene en el camino.
GORDO
Dos mousse—es de chocolate, por favor.
El mozo toma nota y sale.
GORDO
¿Se dice mousses?
Pausa. Poco a poco, las luces van bajando y concentrándose en Gordo e Hija.
HIJA
¿Qué?
GORDO
¿Mi seminario? ¿Lo has visto?
HIJA
Es que es la primera vez que me preguntas por Lucía... Me sorprende. Está muy bien. Te manda saludos—
GORDO
¿Te molesta que ponga tu foto? Espera... No sé si quiero saberlo.
HIJA
¿Te llamó?
GORDO
No... No creo que dejaría de hacerlo...
HIJA
Mamá...
GORDO
Laura...
HIJA
No. No hay forma.
GORDO
Bueno, es un momento personal...
HIJA
No pienso discutir eso contigo...
GORDO
Una decisión importante. ¡No te dejo mal! ¿Por qué crees que te dejo mal?
HIJA
¿Qué quieres?
GORDO
Hablo de mi decisión, de como me veo yo, no de tu respuesta.
HIJA
¿Que simplemente decida tener hijos?
GORDO
¿En serio crees que esperaba que tú—?
Gordo e Hija empiezan a hablar al mismo tiempo, y se va volviendo más difícil entenderlos. También va subiendo el sonido de un restaurante lleno, una cacofonía de voces que se confunden con las de Gordo e Hija. Al final, es imposible entender lo que dicen.
HIJA GORDO
Porque no importa cuanto lo No, no, yo no estoy diciendo que intentemos, la única forma en la que estabas obligada a responderme, Lucía y yo vamos a ser madres es ¿cómo se te ocurre? Estoy hablando haciendo una movida calculada, sobre mí, sobre cómo no era capaz de conseguir un donante, un amigo que decir lo que sentía sin tomarme veinte quiera ser “el padre” o irnos a tragos antes, sobre cómo me sentía Argentina y conseguir un anónimo... Y inferior, incapaz de relacionarme con la inseminación artificial tampoco es los demás si no era con humor, sin que sea muy barata.... ¿Y luego qué? burlarme de mí mismo ¿Y sabes qué? Gastos de embarazo, de parto, ¿Sabes lo que realmente me friega? Es pañales, pediatra, nido, colegio... Sin que lo sigo sintiendo. Que solo creo siquiera considerar qué decirle al niño que alguien como tú sería capaz de o la niña el día del padre... ¿Qué quererme si estoy flaco, si la ropa me padre? Ay, hijo, tu papá es un helado queda perfecta, si me paso todo el en Argentina, pero que lindos ojos que puto día en el gimnasio. Y estoy harto, te dio, ¿no? No puedo creer que Lucía ¿sabes? De hacerle creer a la gente que te haya llamado para hablar de esto. se trata de salud cuando en realidad es Claro que estoy molesta con ella, ¿qué amor propio. Y claro, claro, me siento espera? Porque es manipulación, pues como un farsante, como un gordo en mamá... A Lucía le parece gracioso pausa. Por eso quiero saber por qué hablar de esto con todo el mundo, me llamaste. Eso sí me da mucha para ver si así alguien me convence, curiosidad. Porque me parece raro que porque seguro que si me lo repiten lo casi no hayamos hablado en tres años suficiente me termino por cansar y y de pronto me llames para decirme acepto de una vez... Pero no es tan que sería lindo vernos, ponernos al fácil, pues... Porque lo hemos hablado día, conversar... ¿Y sabes por qué? y ella me dice que sí, que sí, que sí, Porque te conozco, Laura, y lo que más que le estoy impidiendo ser madre... conozco es tu sonrisa pendeja.
HIJA GORDO
¿Qué quieres que haga ahora? ¿Qué quieres que haga ahora?
HIJA
Dime.
GORDO
¿Qué hago?
De golpe, las luces cambian y se concentran en Gordo e Hija. El ruido del restaurante ha desaparecido. Gordo e Hija se miran. Pausa.
HIJA
No entras en tu cuerpo.
GORDO
Sigues de luto.
HIJA
Debajo de esa ropa.
GORDO
Pero no es negro.... Es... ¿Triste? No. Asustado.
HIJA
Ese no es un color.
GORDO
Para ti sí.